En el interior, umbríos y silenciosos bosques descubren al paseante la paz, la tranquilidad y el sosiego de la Naturaleza en su estado más puro.
Robledales y cagigales, hayedos y castañales, nogales y choperas, arropan un paisaje de verdes prados y pastos moteados por una flora multicolor. Manantiales y fuentes transparentes, profundas grutas, angostas cañadas, meandros excavados en la caliza por caudalosos torrentes, elevadas cumbres, interminables playas, fauna autóctona, sotobosque, tejos y acebos. Verdadera ventana abierta a un paraíso natural, en estas tierras altas y húmedas del Norte que continuamente sosiegan nuestro espíritu y nos hacen gozar de la belleza de la vida.